2007-02-14

AHOTSAK OZENKI




AHOTSAK: UNA HABITACIÓN PROPIA Y UN ESPACIO COMÚN
Más real, confortable e ilusionante que cualquier patria

Ahotsak, colectivo de mujeres políticas, sindicalistas, feministas, activistas y agentes por la paz y la reconciliación, es la mejor obra que se ha representado en el escenario político de nuestro país en los últimos tiempos. Nadie sabe gestionar los conflictos mejor que nosotras: miles de mujeres de distintas ideologías, tradiciones y sentimientos que nos atrevemos a expresar ante la opinión pública opiniones que otros/as se empeñan en silenciar.

Tenemos un sinfín de buenas razones para existir luego debemos mimar y cuidar al colectivo como a una criatura recién nacida. Ahotsak debe existir frente a esos saboteadores que no están dispuestos a asumir el coste que supone la resolución del conflicto político. Los conflictos, a la mayoría, a la gente de a pie, nos producen desasosiego pero a unos pocos, más divinos que humanos, que ostentan el poder en la cima de la pirámide, la paz real les desgarra los bolsillos donde guardan celosamente intereses que no responden precisamente a necesidades fundamentales y derechos universales que nos hacen más humanas, en definitiva, más felices.

Al colectivo Ahotsak se le debe reconocimiento y admiración porque hacer política es tener la suficiente cintura como para saltar al patio de butacas donde se revuelve un público expectante y ansioso por ver y escuchar aquello que suena a libertad y a bienestar para todas y para todos. La gente, sin duda, enciende la gran pantalla financiada por el gran hermano y siente miedo porque las guerras aunque televisadas duelen, asfixian, nos neutralizan y matan tengan la intensidad que tengan, se diseñen desde las instancias políticas, judiciales, policiales y/o militares. El mundo está en crisis porque está estructurado sobre los pilares de un pensamiento macabro: acumular capital y restarnos vida. Las producciones vitales no cotizan en Bolsa. El sufrimiento se vende en cajitas de colores: una pastilla para el malestar otra para no pensar; una verde para contener la rabia, otra roja para tragarse la angustia que nos produce ser conscientes de lo agradable que podría ser la convivencia si no estuviéramos en manos de dirigentes tan grises, ambiciosos e irresponsables. La psicosis no es colectiva. Que no nos engañen, que no nos quiten las ganas de vivir.

Ahotsak debe existir porque es nuestra esperanza. Porque las mujeres tenemos mucho que decir y queremos actuar en consonancia con nuestros deseos y necesidades vitales.

Las participantes de Ahotsak que como todas las mujeres del mundo sufrimos la violencia machista organizada desde la base del sistema patriarcal seguimos empeñadas en buscar la paz real y global por medio del diálogo y la negociación.

Ahotsak es una habitación propia y un espacio común. Mucho más real, más confortable e ilusionante que cualquier patria.


Ainhoa Güemes Moreno