2006-03-07

REFLEXIONES FEMINISTAS SOBRE LA PAZ

En nuestra sociedad existe el mito de que las mujeres tenemos una tendencia, o cercanía a la paz que los hombres no tienen. Este mito parece que tiene su origen en la maternidad de las mujeres (entendida como el hecho natural de ser dadoras de vida).Si el origen es la maternidad su alimento es el hecho de que históricamente hemos estado excluidas de los aparatos de poder y coerción , de los aparatos responsables de ejecutar la violencia organizada, es decir, de los ejércitos. Además si tenemos en cuenta los datos constatamos el menor porcentaje de mujeres que realizan acciones violentas. La idea de que las mujeres por dar la vida somos más pacíficas que los hombres y que y que por ello existe una contradicción entre ser madre y actora de acciones violentas (militar) está instalada en nuestras cabezas. Me gustaría señalar algunos hechos que restan credibilidad a este mito. Uno fundamental, que todas las mujeres no somos madres y otro igualmente relevante que ni todas las mujeres ni todas las madres somos pacíficas por naturaleza. De hecho si repasamos la historia comprobaremos que las mujeres (madres o no) han participado en guerras y conflictos armados (incluidos los que hoy en día se conmemoran por nuestros pagos afortunadamente de una manera más lúdica), que muchas de las que no han participado las han justificado y que muchas otras han alentado a los hombres a participar en ellas. Ahora, decir que las mujeres no tenemos por naturaleza ningún vínculo privilegiado con la resolución pacífica de conflictos no quiere decir que las feministas , teniendo en cuenta la posición social de las mujeres dentro del sistema patriarcal no hayamos elaborado argumentos a favor de la resolución dialogada y consensuada de los conflictos y la renuncia al uso de la fuerza, no sólo argumentos sino compromisos políticos claros. Desde sus orígenes el feminismo ha tenido ardientes defensoras de la resolución de conflictos mediante el uso del diálogo y la negociación y la renuncia al uso de la fuerza. Jeanne Deroin(1848), Frederika Bremmer(1854), Berta von Suttner(1889), Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo (1910), Virginia Wolf..., el mensaje de todas estas feministas se podría resumir en el libro que una de ellas escribió “¡Dejad las armas!”. Ellas defendían que las mujeres odiaban las guerras no porque sean mejores que los hombres sino porque salen peor paradas (basta con echar una mirada a los actuales conflictos armados). Porque no pueden esperar mucho de la victoria, ya que para las mujeres el conflicto (violencia) continúa en tiempos de “paz” (malos tratos de la pareja, violaciones, asesinatos, mutilaciones...), para una mujer maltratada no existe diferencia entre tiempo de conflicto y tiempo de paz. Esta posición de grupo oprimido o subordinado nos proporciona una doble visión. Por una parte las mujeres como cualquier otro grupo oprimido conocemos la visión dominante, pero a la vez desarrollamos una visión propia que nos permite pensar en el cambio. Las mujeres juegan un papel vital en la resolución no violenta de los conflictos. A menudo son las primeras en arriesgarse e iniciar el diálogo entre comunidades divididas, cruzando las fronteras psicológicas y materiales y haciendo posible avanzar hacia la reconciliación. Quizás se deba al hecho negativo de su marginalidad, es posible que este hecho las proyecte como ajenas a la influencia de los actores más polarizados en el conflicto. Como extrañas a las estructuras políticas, las mujeres tienen la libertad de proponer y llevar a cabo soluciones innovadoras ante los conflictos. Como extrañas a los valores patriarcales, pueden postular otros, buscar sus propias palabras y tratar de no transitar por los errores de los varones. Es lo que hacen muchos grupos de mujeres: desarrollar iniciativas que enfocan el problema desde otra perspectiva. Sabemos que sus propuestas novedosas difícilmente se oirán en las mesas negociadoras, ya que las mujeres carecemos del poder político necesario para influir en la toma de decisiones.
Sabemos que las mujeres somos plurales y diferentes pero en los últimos tiempos y en muchos de los conflictos armados que se producen en nuestro planeta, mujeres de distintas comunidades, clases, ideologías y bandos (mujeres de negro palestinas, isrelitas, ......., madres de la plaza de mayo.........) se han puesto a trabajar para que mediante el diálogo y el consenso se logre una sociedad, diversa, plural y realmente democrática donde la violencia no exista. Podemos considerar las tareas de cuidado como fuente de recursos para una cultura de paz y responsabilidad de hombres y mujeres. La ausencia de violencia no significa ausencia de conflicto. La violencia puede estallar sin conflictos y los conflictos se pueden resolver sin violencia. Si las mujeres de otros pueblos y países lo están intentado. Las mujeres de Euskal Herria a quién tenemos que pedir permiso para hacerlo?. Arantza Campos

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es cierto que tradicionalmente se ha dado una imagen de la mujer como abanderada de la tolerancia y la concordia, y estoy totalmente de acuerdo con esa reflexión que has hecho; no es del todo así. Ahora recuerdo una frase que dice Cecilia Roth (la actriz) en la peícula "Todo sobre mi madre": LAS MUJERES SOMOS MÁS TOLERANTES.
Por desgracia, no creo que sea cierto, o al menos totalmente. Lo que si creo es que de alguna manera, y esto es una opinión personal, las mujeres somos más arriesgadas o arrojadas. Tal vez por la situación de desventaja que la historia nos ha reservado. La mujer ha tenido que luchar en todos los ámbitos contra los cánones impuestos en cada etapa histórica, para desarrollarse en libertad y poder expresar abiertamente su libertad. Tanto en el amor, como en la guerra.
Es inevitable que la mujer haya partcipado activamente en el conflicto, pues el conflicto nace de la injusticia y la mujer es el último escalón en todos los conflictos. Las revoluciones sociales han necesitado del apoyo de la mujer, pero luego han generado sistemas igualmente injustos para nosotras. En cuanto a la cuestión de el instinto maternal y su vínculo con la paz, pienso que no es bueno entrar en tópicos, aunque los roles culturales nos invitan a ello. En realidad no se si el hecho incontestable y natural de generar vida nos aporta un matiz especial frente a la resolución de conflictos. La paz es el gran reto histórico, porque nuestra historia se ha movido a base de conflictos y vivimos bajo un sistema cultural que nos enseña desde pequeños a competir, en vez de a ayudarnos mutuamente... de hecho es ese otro tópico que existe sobre la mujer.
Para centrame en el tema, el papel de la mujer en el conflicto en Euskadi o Euskal Herria, mi opinión es que no debeis pedir permiso a más nadie que a vosotras mismas, y saber que al igual que todas las mujeres de todos esos colecivos mencionados, tendreis el apoyo de todas la mujeres del resto del mundo, de todas aquellas que como vosotras creemos en la posibilidad de construir un mundo mejor, basado en la justicia social real y el diálogo frente a la guerra. Ya que por desgracia no es asunto de género, sino de carácter. Termino deseando salud, paz y aunque suene tópico... amor para vuestro pueblo...AGUR ETA MUXU BAT!
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